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Ocultan
ser gays por temor al rechazo social
Natalia
Gómez Quintero | El Universal | Lunes 03 de mayo de
2010
Muchas
parejas de homosexuales mantienen en secreto sus preferencias
ante el menosprecio que puedan generar en las personas de
su entorno, ya sea con la familia o en el trabajo
Cuando Alicia lo recuerda no puede evitar el llanto. Era época
decembrina, de abrazos, de alegría, pero su madre sólo
tenía sentimientos de enojo y de tristeza, así
como sus párpados inflamados de no dormir y llorar
hacía ya cuatro días. Justo desde aquél
momento en el que se enteró de las preferencias y prácticas
de su hija: simplemente eran una aberración.
“Te quiero ver sola antes de que hagas tu vida amorosa
con otra mujer, los homosexuales son aberrantes, son promiscuos”,
dijo la mamá. Alicia, la hija de entonces 23 años,
contuvo las lágrimas, pero cada palabra la agredía,
quebraba su corazón, la marcaba. Simplemente guardó
silencio para escuchar a su progenitora, sentía que
no tenía derecho a hablar, pues había fallado.
De golpe creyó que no valía nada, que hasta
ese día había sido el orgullo de la familia
y la hija ejemplar. Aun con toda esa devastación, fue
clara al decirle a su mamá que podía hacer cualquier
cosa que le pidiera, menos dejar de ser gay.
La supuesta tolerancia
De su salida del clóset han pasado 12 años.
Madre e hija lograron reconstruir ese lazo de amor, pero hasta
hoy Alicia, de 35 años, no reúne la fuerza para
gritar al mundo que es lesbiana; le da miedo, vergüenza,
siente que la menospreciarán. “Si mi madre que
me amaba lo hizo, qué puedo esperar de los otros”.
Según un análisis d el Programa Universitario
de Estudios de Género de la UNAM, en la cultura mexicana
hay una tendencia a mantener una actitud de tolerancia hacia
la homosexualidad, que sin embargo dista mucho de ser una
postura de comprensión y respeto.
La primera y única Encuesta Nacional sobre Discriminación
hecha en México en 2005, señala que 94% de los
gays y lesbianas mexicanos se sienten excluidos y han reportado
actos de discriminación. Las cifras indican también
que casi la mitad de los mexicanos no quieren como vecino
a un homosexual.
El disfraz como protección
En su trabajo, Alicia sigue dentro del armario. No hace evidente
su preferencia por las mujeres y procura vestirse de trajes
sastres, “de manera femenina”. Esa estrategia
para salvaguardar su tranquilidad le ha funcionado, al grado
de que compañeros han querido tener una relación
con ella más allá de la amistad.
Dice que no es el momento para hacerlo público, por
lo que evade responder de manera directa estas interrogantes.
Alguna vez le preguntaron si le gustaban las mujeres y ella
respondió en tono de broma: “Yo le tiro a lo
que se mueva”.
En el arte del ocultismo, Alicia lleva un buen tramo recorrido.
Dice que las mujeres le gustan desde los cinco años
y a sus 12 aprendió que esa preferencia era motivo
de rechazo. “Recuerdo cómo un tío regañó
muy fuerte a una prima con la que jugaba al decir que las
artistas de la televisión eran nuestras novias”.
A partir de ahí y hasta los 15 años, cuando
tuvo su primera relación lésbica, Alicia tuvo
novios por montones, no quería que la vieran diferente.
Hoy vive con Fernanda, dos años menor que ella, a quien
también le da miedo salir del clóset por la
reacción de rechazo.
Leyes sí, pero hechos no
Rafael Ernesto tardó 10 años en salir del clóset.
Su mamá se enteró de manera fortuita. Lo encontró
en su cuarto, en pleno “faje” con su actual pareja,
Raúl Ernesto, con quien vive desde hace poco más
de siete años. Rafael no enfrentó cuestionamientos,
ni recriminaciones.
Su madre se limitó a decir “Ya lo sabía”.
Hasta su abuela, que hoy tiene 84 años y que es muy
apegada a la religión católica, lo vio con buenos
ojos y pronto dijo que Raúl ya era parte de la familia.
El caso de Raúl fue menos terso. Cuando su mamá
se enteró, entró en una etapa de negación,
que se cayó justo cuando los Ernestos decidieron vivir
juntos. “Se fracturó la relación y aunque
poco a poco lo ha ido aceptando, todavía presentan
a Rafael como a un primo o amigo de la familia”, dice.
Ambos coinciden que este mismo escenario puede elevarse a
nivel Distrito Federal, donde a pesar de que se reconocen
los matrimonios entre homosexuales y la adopción de
niños entre parejas del mismo sexo, el trato de segunda
y la homofobia permanece. En consecuencia, las situaciones
en estados conservadores como Querétaro, Guanajuato
y Aguascalientes se recrudecen.
El Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación
(Conapred) ha dicho que en la sociedad mexicana prevalece
todavía una homofobia ambiental muy arraigada. De acuerdo
con sus datos, 71% de los jóvenes mexicanos no apoyaría
el otorgamiento de los mismos derechos a las personas homosexuales
que a las heterosexuales y 58% afirmó que a una pareja
de homosexuales no se le debe permitir contraer matrimonio.
Quedarse dentro
El antropólogo y sexólogo Xavier Lizarraga asegura
que siempre debe haber un momento adecuado para “desclosetarse”.
“Si se hace de manera consciente y por voluntad no es
recomendable hacerlo público el 24 de diciembre en
plena cena familiar, eso es obvio”.
El especialista ha definido la existencia de un clóset
estratégico personal. A éste se recurre cuando
por ejemplo un familiar padece algún mal cardiaco,
al grado de que la noticia de la homosexualidad pudiera poner
en riesgo su vida.
Otro tipo de clóset es el que sustenta razones sexo
políticas. Lizarraga explica que en este caso el homosexual
no adelanta sus preferencias sexuales hasta que se las preguntan.
En foros de discusión y conferencias o incluso en conversaciones
de banqueta, el gay no dice que lo es, pues de inicio sus
opiniones, por su simple preferencia, pueden ser descalificadas
o vistas con prejuicios.
“Se cree que el gay no puede hablar de ciertos temas
porque el simple hecho de ser homosexual hace que sus opiniones
se perciban como tendenciosas”, dice.
Xavier Lizarraga asegura que por contradictorio que parezca,
su salida del clóset hace cuatro décadas no
le resultó dolorosa. “Hubo algo de decepción
en mi madre porque se sintió culpable de que yo fuera
así, pero luego lo aceptó muy bien. Mi padre,
que nació en 1905, no me dijo nada, desde muy joven
veía cómo me besaba con mis parejas”.
Reconoce que su proceso más difícil fue pararse
frente al espejo y etiquetarse como homosexual, consciente
de los resultados que ello traería. “Necesitaba
verbalizarlo para creerme a mí mismo, ser visible y
hacerme escuchar”.
Cuando declararse era suicidio
En la época del nazismo con Adolfo Hitler o en la Rusia
de Joseph Stalin declararse gay era un acto suicida, como
hoy lo es en Irán, donde existe la pena de muerte para
homosexuales.
Lizarraga dice que ante la inexistencia de una política
de estado en México que condene a la muerte por ser
gay, es necesario que la gente sea honesta y ejerza sus derechos
sexuales. “Si se quedan dentro del clóset estarán
propositivamente o no, avalando la homofobia”.
El ambiente para asumirse homosexual, sin embargo, pareciera
no propicio, pues la extinta Comisión Ciudadana Contra
Crímenes de Odio por Homofobia, de 1995 a 2004, registró
337 asesinatos contra homosexuales, lesbianas y personas transgénero.
Mientras, se confía en que habrá una postura
firme del gobierno con respecto a la discriminación
a homosexuales. El movimiento lésbico gay espera desde
hace tres años que el presidente Felipe Calderón
publique en el Diario Oficial de la Federación, el
17 de mayo como Día Nacional contra la Homofobia. Al
parecer puede concretarse este año.
Pero un borrador previo obtenido por el movimiento lésbico
gay presume que el gobierno federal quitará la palabra
nacional del texto, lo que augura una falta de compromiso
de todos los estados para promover la no discriminación
a personas con preferencias de su mismo sexo.
Discriminación hasta en la izquierda
Pero en México nadie se salva. Enoé Uranga,
diputada federal del PRD, recuerda que cuando tenía
26 años salió del clóset sin mayor problema
porque tenía casa propia y solvencia económica,
pero además antecedentes de una familia muy de izquierda,
a la que no le representaba un conflicto este hecho.
A finales de los 80, cuando buscaba un puesto en el sindicato
de la UNAM, se llevó su mayor sorpresa. Por el simple
hecho de haberse descubierto como lesbiana, sus propios compañeros,
a los que ella llama justamente “la iglesia de la izquierda
o la izquierda ultraconservadora”, usaron su preferencia
sexual para descalificarla y hacerla perder.
“Pasé de ser una joven promesa a una lesbiana,
ese estigma lo arrastras toda tu vida. Hoy incluso paso a
tribuna y me identifican como la homosexual, antes que cómo
la politóloga”, comenta.
Uranga reconoce los cambios que ha habido en el DF sobre el
reconocimiento de los derechos de los homosexuales, pero alerta
de las varias realidades en México. Asegura que hay
sociedades al interior de la República en las que “desclosetarse”,
representa un gran riesgo.
Subraya que este miedo se focaliza principalmente en el sector
femenino, puesto que, dice, el disfrute y placer sexual nunca
es cuestionado en los hombres, aún sean gays.
Fuente:
www.eluniversal.com.mx |